domingo, 10 de abril de 2011

LA TRANSFORMACIÓN DEL VALSE


LA TRANSFORMACIÓN DEL VALSE

EL CAMBIO ES CASI IMPERCEPTIBLE EN MÚSICA, LETRA Y COMPÁS HASTA LA APARICIÓN DEL MAESTRO FELIPE PINGLO ALVA EN SU SEGUNDA Y ÚLTIMA ETAPA DE CREACIÓN, LA QUE EMPIEZA ALREDEDOR DE 1928, DONDE INJERTANDO CUIDADOSAMENTE MELODÍAS DEL FOX-TROT ESTADOUNIDENSE Y DEL TANGO ARGENTINO...

Esta es riquísima en mestizajes, pues proviene de altas culturas nacionales mezcladas con las diversas costumbres regionales del español invasor –influenciadas por casi 8 siglos de ocupación mozarabe– sumadas a las del negro esclavizado que trae consigo. A través de estas páginas, que el suplemento “Variedades” nos permite escribir, intentaremos dejar un recuerdo para cuando se cree alguna vez un archivo sonoro y escrito de nuestra música popular.
Nos hemos dedicado a rescatar, estudiar y divulgar más a la música costeña, no por ser limeños, ni considerarla superior a la andina o a la selvática, sino porque nos parece se encuentra en inevitable camino a su extinción, esto no es una exageración fatalista, ni solicita las condolencias, ni la piedad de nadie. La vida continúa, cambiando cíclicamente de morada.
Nuestro valse, actual elemento central de nuestra canción costeña, se ha ido transformando en su melodía, en su letra y en su ritmo. De los testimonios sonoros que conocemos podemos citar el magnifico trabajo de recopilación -grabado en cilindros de cera- por el estudioso alemán Heinrich Brüning hechas desde principios de 1910, con música procedente de la cultura Mochica.
La segunda referencia que tenemos son los discos grabados por el legendario dúo “Montes y Manrique”, en la ciudad de Nueva York durante los años de 1911 y 1912, en ellos están registradas aproximadamente 176 grabaciones dentro de los 91 discos dobles, corrección que nos alcanza Fred Rohner.
Es importante anotar que la cantidad de valses es menor a la mitad del total de este repertorio musical, siendo la mayoría, yaravíes”, “marineras”, “tonderos”, etcétera. Posteriormente, prosigue la grabación de discos con nuestra canción costeña por los años de 1915 -1916 por Almerio, Sáez, Suárez, Ascues, etcétera. reeditados por 1925, en los que puede notarse la evolución de la forma de cantar y de tocar la guitarra.
El cambio es casi imperceptible en música, letra y compás hasta la aparición del maestro Felipe Pinglo Alva en su segunda y última etapa de creación, la que empieza alrededor de 1928, donde injertando cuidadosamente melodías del Foxtrot estadounidense y del tango argentino, altera completamente el canto popular, a disgusto de muchos músicos tradicionalistas.
Luego del 13 de mayo de 1936, fecha de la muerte del “cantor iluminado”, florece el mencionado repertorio, donde ataca las injusticias del sistema –esta preferencia se da sobre todo en la juventud de las clases populares progresistas– cambiando la anterior “queja plañidera” que invitaba a la muerte para dejar de sufrir, tema preferido de casi todos los autores anteriores a “Felipe de los Pobres”.
Es justo señalar que muy pocos autores costeños escaparon a la poderosa influencia de Pinglo, estos serían: Filomeno Ormeño Belmonte, cuyo valse tiene reminiscencia de “Mazurca” y Pablo Casas Padilla, con una “síncopa” sin precedentes.
A pesar de las diferencias melódicas, el valse queda intacto. Seguiremos sustentando esta opinión.

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